lundi, décembre 05, 2011

Cleto, el dinosaurio imaginado

María escuchaba con atención la historia de su abuelo. La imaginación de ambos corría en el mismo sentido, creciendo a medida que el abuelo encontraba las palabras necesarias para sorprender a su nieta.

Al arroparla, y darle un beso, le pidió que dejara a Cleto escondido en el armario. Que también tenía que descansar. Así lo hizo el abuelo. Cogió el dinosaurio de peluche, de manchitas verdes y marrones, de su nieta, y lo dejó en un estante del armario.

Debían faltar pocos minutos para la medianoche, cuando María se despertó con un sobresalto. Unos pasos sigilosos caminaban por el techo. Ploc plic, ploc plic, la cadencia era rápida. ¿un caballo galopando en el tejado?

No, era un animal de colores verde y marrón, que estaba jugando en el tejado. Subía y bajaba por los canalones, saltaba y brincaba por encima de las chimeneas, le sacaba la lengua a los gatos, que erizados, escapaban a lugares más tranquilos.

María se acercó a la ventana, y supo que era Cleto. En sus sueños, ella se volvía a acostar, mientras su dinosaurio de manchitas verdes y marrones jugaba en los tejados.

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